Un presupuesto audiovisual puede variar mucho cuando el alcance no está definido. Dos proyectos que parecen pedir el mismo vídeo pueden requerir jornadas, equipos y postproducción completamente diferentes.
Objetivo del proyecto
La primera información no debería ser la duración del vídeo, sino qué necesita conseguir la empresa: explicar una actividad, presentar una instalación, comunicar un cambio, apoyar ventas, formar o reforzar reputación.
Audiencia y canales de uso
Conviene indicar quién verá las piezas y dónde se utilizarán: web, presentaciones, LinkedIn, eventos, comunicación interna u otros canales. Esto afecta formato, duración y cantidad de versiones.
Localizaciones y número de jornadas
No es lo mismo una entrevista en una oficina que una producción en varias sedes. Indicar ciudades, instalaciones, restricciones de acceso y disponibilidad permite estimar mejor la operativa.
Personas que aparecerán en cámara
Es útil saber si habrá directivos, empleados, clientes o especialistas, y aproximadamente cuántas personas participarán. Esto influye en horarios, preparación y necesidades de rodaje.
Entregables
Además de la pieza principal, hay que especificar si se necesitan versiones cortas, distintos idiomas, subtítulos, formatos verticales o adaptaciones para varias plataformas.
Proceso de aprobación
Cuando intervienen varios departamentos, indicar quién revisará y aprobará ayuda a plantear un calendario realista y a definir cuántas rondas de cambios contempla el proyecto.
Presupuesto y fecha objetivo
Compartir un rango orientativo permite diseñar una propuesta proporcionada. También conviene indicar si existe una fecha de publicación, evento o lanzamiento que condicione todo el calendario.
Un briefing claro no obliga a tener todas las decisiones tomadas. Su función es dar suficiente contexto para que el presupuesto explique qué incluye, qué no incluye y qué supuestos se han utilizado.
